Reconozco que me pongo de muy mala hostia cuando veo la expresión ‘Manoleta’ para hablar del proyecto deportivo de Manolo González, porque estoy hasta las narices del seguidismo barcelonista de muchos de mis colegas. Si ha habido una expresión similar que hizo furor entre el nacionalbarcelonismo fue la ‘Xavineta’ para referirse al anterior técnico culé, Xavi Hernández, al que Catar tenga en su gloria. Cada vez que escuchaba esa expresión solo deseaba que acabara estrellada en el arcén, y escuchar ‘Manoleta’ me da muchas malas vibraciones.
La ‘Xavineta’ fracasó, y yo deseo que a Manolo González le vaya bien, porque significará que al Espanyol le va mejor. No tenemos que copiar la terminología del equipo que busca el monopolio total del fútbol profesional catalán para hablar de la ilusión colectiva que ha despertado la figura de Manolo entre la afición. Si no somos capaces de crear términos nuevos, adaptados a la cosmovisión perica, mejor no copiar la mala propaganda barcelonista. Mira que los voceros culés llenaron páginas con la parida de la ilusión que generaba la ‘Xavineta’ para acabar crucificándolo en el altar de Laporta cuándo les interesó.
Nosotros tenemos que apuntarnos a la labor de Manolo. Y apoyarle hasta el final. Y cuando su ciclo acabe, que acabará, agradecerle los servicios prestados, despedirle con cariño y desear que venga de nuevo cuando las circunstancias lo permitan. Hay suficiente respeto entre el técnico que consiguió el ascenso, y mantenernos en Primera con una legión de cedidos y sin fichajes, y la afición blanquiazul. Nadie olvidará que en los tiempos en los que la grada gritaba “Chen vete ya” Manolo era de las pocas alegrías que teníamos cuando nos sentábamos en nuestra localidad en el RCDE Stadium.
Ahora estamos de dulce. Cuatro puntos conseguidos contra rivales contra los que pocos analistas nos daban posibilidades. Un equipo sólido que sabe a lo que juega, que comete los errores justos y que sabe crear – y aprovechar – sus oportunidades. Disfrutemos el momento y sigamos luchando cada punto. Pero sin “Manoletas”, ni “Manoleches”. Sigamos nuestro propio camino y dejemos las imitaciones para otros.