El Espanyol estuvo acompañado, como en todos sus desplazamientos, de afición perica en el Sánchez Pizjuán. No eran muchos, ya que solo se vendieron 72 entradas a los seguidores blanquiazules para el duelo, pero entre los que compraron los boletos por su cuenta, los de Manolo González no se sintieron solos. Celebraron un punto que supo a gloria, pero lo que no esperaban era lo que les vendría después. Una verdadera odisea que nos ha relatado el compañero de ‘Pericos Marca’ Juan Asensio.
Mientras que la expedición del Espanyol regresó en charter tras el vuelo, gran parte de los aficionados blanquiazules y medios acreditados tenían programado con Vueling el vuelo de las 22.55 horas, único que había hacia Barcelona después del encuentro. Pero la intensa niebla en la capital andaluza hizo que se retrasara una hora la salida del avión primero y se cancelara después.
La solución que ofreció Vueling a todos los presentes, aficionados del Espanyol y usuarios del vuelo, es ir por carretera mediante autobús a Málaga, la cual muchos de los afectados (entre los que estaban, como nota curiosa, los hermanos de Omar El Hilali) aceptan puesto que desde la compañía aérea les aseguran que en el aeropuerto malacitano les estaría esperando un avión con destino Barcelona. Otros de los afectados decidieron hacer noche en Sevilla.
Vueling puso a disposición de los clientes cuatro autobuses, que llegaron a Málaga sobre las 3.30 horas de la madrugada. La sorpresa para todos los que decidieron aceptar la oferta fue que ningún avión les estaba esperando; tenían que aguantar ahi hasta los siguientes vuelos a la Ciudad Condal, a las 6.40 horas y a las 9.15 horas, con el consiguiente riesgo de que no hubiera plazas. Es más, en el primero de ellos no pudieron ingresar todos los afectados, pero en el segundo ya si que todos ellos volaron a Barcelona.
Una auténtica aventura que afectó a unos 50 aficionados del Espanyol, que empezó a las 21.15 horas, cuando llegaron al aeropuerto de Sevilla, y acabó con la salida del segundo y definitivo avión con seguidores pericos. Una odisea de 12 horas, dos aeropuertos y sin apenas ningún tipo de compensación por parte de la aerolínea. El punto en el Sánchez Pizjuán es más que nunca de los desplazados.