Para alegría de todos los que amamos los colores del RCD Espanyol, el aspecto del estadio perico en los últimos partidos está siendo espectacular, tanto en cuanto a asistencia de público como en ambiente y animación. Esto tiene mucho que ver con el buen inicio del equipo, que, dirigido por el gran valuarte blanquiazul Manolo González desde el banquillo, está dando el callo y, de qué manera, en cuanto a juego y actitud. También en resultados, el equipo anda bien, basta con echar una ojeada a la tabla de clasificación.
Sin embargo, a nadie se le escapa que, pese a que todas las localidades del estadio, tanto superiores como inferiores, están llenas, hay una zona que se ve escandalosamente vacía, justo donde menos se tendría que ver: en el fondo de animación, en la pastilla que ocupaba la PJE, que ahora, con buen criterio, se ha unido a La Curva para animar al unísono al equipo. Las rencillas, egos u otros menesteres no deben influir en la unión dentro de la grada que honra el nombre de uno de nuestros más grandes mitos: José Enrique Cano Leal, «Canito«, quien murió el 25 de noviembre del 2000, con 44 años, en La Pobla de Montornès (Tarragona), en los brazos de su hermana Fina, que es la que cuidó de él en sus últimos meses de vida.
La explicación del club es clara y concisa: todas las localidades de la Grada Canito están vendidas a abonados. Hay dos factores que han contribuido a ello: por un lado, la animación y el protagonismo cada vez más importante de los jóvenes en nuestra parroquia; y, por otro, el precio, que es más económico que en cualquier otra zona del estadio, lo que provoca que haya socios que saquen su abono allí por ese motivo puramente monetario y no acudan a todos los encuentros. Esto, añadido a que hasta esta temporada no se podía traspasar el abono en esa grada, provoca que muchos asientos queden tristemente vacíos. Esta temporada sí se puede traspasar el carnet a otra persona, pero no de igual forma y facilidad que en otras ubicaciones: hay que enviar un correo al club y que te lo aprueben, una forma demasiado farragosa que hace que algunos abonados ni siquiera se lo planteen.
No debemos olvidar tampoco que el hecho de que en la grada los hinchas estén de pie a su libre albedrío, haciendo piña y no sentados cada uno en su localidad, provoca que se vean más huecos. Nada que reprochar: en una grada de animación, hay que estar así, en pie, gritando, cantando y ondeando las banderas. Si no te gusta, te vas a otra parte y punto.
Sea como fuere, a nadie se le escapa que ese hueco afea mucho la imagen del estadio, porque a ojos de los presentes y a tiro de cámara produce una sensación triste y lamentable. El club debería encontrar, más pronto que tarde, una solución: echar a los socios que no acudan a un mínimo de partidos y permitir que el traspaso de abonos sea exactamente igual que en cualquier otro sector, lo cual es un acto de justicia, porque lo contrario es discriminación en toda regla. Soluciones hay, y no debe ser muy difícil, cuando lo que nos ocurre a nosotros en el fondo de animación no sucede en ningún otro estadio de España. Es tan fácil y sencillo como hacerlo como los demás.
Lo que está claro es que ese hueco no puede permanecer ahí, porque todo el trabajo que hacen los jóvenes animando y apoyando al equipo, que es mucho y muy meritorio, queda deslucido por una mala gestión con los abonos. Llenemos ese hueco de más hinchas irreductibles con ganas de darlo todo, y si ya tenemos la suerte de tener una de las mejores gradas de animación de la Liga, conseguiremos tener la mejor sin discusión alguna. Sin turistas, sin móviles y sin necesidad de tener regidores televisivos que nos digan cuándo tenemos que levantar o dejar de levantar una bufanda.
Nuestro estadio es una bombonera que envidian muchos clubes, los primeros los de la acera de enfrente. No dejemos pasar la oportunidad de que no se vea ni un solo hueco vacío, y todavía menos en ese fondo, porque damos una imagen demasiado triste e innecesaria, que no merecemos ni por historia ni por afición.


1 comentario
El que passa és que la gent normal té por d’anar a aquella zona. Punt.