La APMAE, en su Asamblea Extraordinaria celebrada este martes 18 de noviembre, puso encima de la mesa su posicionamiento de cara a la Junta General de Accionistas del próximo martes 25. Superando las 6.000 aciones delegadas por las que estarán representados, tal y como recoge el ‘Diario AS’, los pequeños accionistas votaran a favor de todos los 13 puntos del día, menos al de la reelección de los auditores.
Desde l’Associació de Petits i Mitjans Accionistes de l’Espanyol desean poder convertirse en «la voz del aficionado de base» en el seno de la institución. Ya han tenido una reunión con Antonio Dávila, que será nombrado consejero, y es uno de los hombres de confianza del presidente Alan Pace que mantiene como CEO a Mao Ye Wu. Además, en su propia Asamablea, se reconoció la gestión económica de Rastar Group durante las nueve temporadas en el club: «Entró con una situación económica muy diferente a la que deja. El club estaba cercano a la suspensión de pagos y ahora se encuentra saneado. La gestión financiera ha sido muy responsable, no así a nivel deportivo ni social», explica Carles Bosh, presidente de los pequeños accionistas.

¿Cómo se encuentran las cuentas?
«Cuando llegó Rastar, por cada euro de recursos había que pagar cuatro euros de deuda, y ahora el patrimonio neto supera la deuda». Así lo reconoce el vocal, Adrià Asensio, que esto se ha podido llevar a cabo por la ampliación de capital de 31 millones de euros del pasado mes de junio y la venta de Joan Garcia por 26,4 millones de euros por lo que el patrimonio neto del Espanyol ha pasado de 70,3 a 104,6 millones de euros. Estas cifras representan un 52% del capital social, que asciende a 197,5 millones lo que aleja de la disolución. El fondo de maniobra sigue siendo negativo, si bien se reduce de -15,9 a los -8,2 millones.
«La etapa de Rastar ha sido una montaña rusa con tres partes diferenciadas. El inicio fue muy ilusionante, e incluso se llegó a Europa. Pero a partir de aquí tuvimos el cóctel perfecto en lo negativo, con descensos y la pandemia. Y en este 2025 se ha puesto orden pero quedan grietas por reparar«, recuerda Carlos Bosh apoyándose en el último ejercicio de 2024-25 que será aprobado en la Junta General de Accionistas con un superávit de 2,55 millones tras cuatro años de pérdidas acumuladas de 90 millones.
La salida de Joan Garcia ayudó a cuadrar las cuentas. Y es que sin la venta del guardameta «tendríamos unas pérdidas de 23,4 millones Así que, si continúa esta tendencia, se volverán a desequilibrar deuda y patrimonio», manifiesta Asensio. A esta afirmación, Carlos Bosh añade que «excepto el curso de de la Europa League (2019-20), los ingresos durante diez años han sido prácticamente los mismos. El Espanyol no ha evolucionado. Y existe una excesiva dependencia de los derechos televisivos y la venta de jugadores. Es imperativo que Alan Pace cambie radicalmente el modelo de club«.
El gasto deportivo, la cantera y un plan para 2030
Los salarios deportivos han bajado de un 64,5 millones la temporada 2021-22 a 37,6 el pasado 30 de junio. Los pequeños accionistas «tienen que hacer auditoría de todas las estructuras de club, y si es necesario, la APMAE puede ayudar al club. Porque, si no tocamos nada, estaremos a 30 de junio con diez o 20 millones de pérdidas otra vez y sin poder crecer» que «como los ingresos no aumentaban año tras año, Rastar decidió reducir salvajemente el gasto«.
David Andrés, otro de los vocales de la APMAE, destaca el modelo de la asociación con un plan dirigido hasta 2030. «Debemos dejar de quejarnos. El Espanyol debe ser un club ganador. En ese sentido, Manolo González es ejemplar, porque ha conseguido un equipo que sale a ganar cada partido», comentó.
Otro de los puntos a destacar es el crecimiento social con nuevos públicos, donde entra la presencia de consejeros independientes y la participación de la masa social para que «se sientan más que meros clientes». También se refuerza una apuesta firme por la cantera que «debe ser la clave del Espanyol» y que «nunca se vendan jugadores por una necesidad económica inmediata, sino porque están en su máximo valor».
Uno de los objetivos es conseguir una facturación de 150 millones de euros anuales para dentro de cinco años, es decir, en 2030. Conseguir alcanzar estas cifras «permitiría destinar cada año 100 millones a la plantilla», remarca Carlos Bosh que mirando al futuro ve a «un club rebelde, con una gestión empresarial moderna y transparente, que tenga una ambición de ir a más cada año y con arraigo local por su historia y por lo que se puede aportar, saliendo del victimismo y haciéndose fuerte en Barcelona«.

