El Espanyol puso fin en el Carlos Tartiere a una negativa racha que duraba desde el 21 de octubre de 2018. Ese día el conjunto perico ganó por última vez en el campo de un recién ascendido a Primera. Fue ante el Huesca, en el Alcorza, cuando se impuso con dos goles de Borja Iglesias (0-2).
Desde ese partido, el Espanyol no ha estado nada afortunado cuando ha tenido que visitar el campo de los equipos que habían ascendido ese curso. Esa misma temporada, con Rubi en el banquillo, empató en el campo del Rayo Vallecano (2-2) y en el del Real Valladolid (1-1).
Desde ese partido en Pucela, a la siguiente jornada de ganar al Huesca, el Espanyol no había logrado puntuar en el campo de un recién ascendido hasta el pasado viernes contra el Real Oviedo en el Carlos Tartiere. Los blanquiazules habían encadenado diez derrotas en campos de equipos recién ascendidos. En la temporada 2019-20 perdieron contra Osasuna (1-0), Granada (2-1) y Real Mallorca (2-0), mientras que en la 2020-21, el Espanyol estuvo en Segunda.
En la campaña 2021-22 regresó a Primera, junto a Mallorca y Rayo Vallecano, y ese año no fue capaz de imponerse a domicilio a ninguno de estos dos equipos, perdiendo en ambos estadios por el mismo resultado (1-0). Solo una campaña más tarde, en la 2022-23, perdió contra Almería (3-1), Real Valladolid (2-1) y Girona (2-1).
La temporada 23-24, el Espanyol volvió a jugar en Segunda, logrando, como siempre en su historia, el ascenso a la Primera. Subió en la promoción, mientras que Leganés y Real Valladolid lograron el ascenso directo. En el curso 2024-25, el Espanyol perdió en Butarque (3-2) y en el Nuevo Zorrilla (1-0). El viernes en Oviedo puso fin a una racha muy negativa confirmando que este equipo es otro. Lo de equipo aspirina ha pasado a la historia. Ya lo avisó hace poco Manolo González al manifestar, ante una pregunta sobre si el Espanyol era un equipo asipirina, que no sabía que era esto.

