A cualquiera puede resultarle difícil –por no decir imposible- recordar en qué andaba metido el pasado 22 de diciembre. Ha llovido lo indecible, y no precisamente para bien. Del otoño épico saltamos al invierno con aire de machacas, eran días de vino y rosas, de sacar pecho y bufanda al viento. Hasta San Mamés se nos quedaba pequeño. Ganamos a domicilio a los vascos, quinta victoria consecutiva en liga y gran momento de forma. El equipo estaba enchufado, metido en puestos europeos, el calvario Chen parecía ya cosa del pasado y de Cornellá al cielo.Nada amenazaba con hacer descarrilar al tren de la euforia de Manolo, que por entonces iba sin frenos, hasta que dieron las campanadas de Año Nuevo. Campanadas de cuento de hadas que pusieron fin al hechizo, y de vuelta al sótano con las oscuras golondrinas.
Casualidad o no, la lesión de Puado (máxima referencia ofensiva del curso anterior) marcó el inicio de la particular travesía por el desierto perico. Ahí se acabó lo que se daba. Literalmente. Los 15 partidos de liga siguientes se contaron por empates (5) y derrotas (10). O lo que es lo mismo, 5 puntos de 45 puntos posibles. Castañazo histórico. Hay rachas que se alargan y otras que echan raíces. Ésta ha sido de récord. Los 15 partidos consecutivos sin ganar (honor que ostentaba el Zaragoza en solitario desde el 2013), suponen la peor racha de cualquier equipo en la máxima categoría del fútbol español en toda su historia. ¡TODA!
Un año para el olvido. Después del suflé de la primera vuelta, seguimos haciendo historia cinco meses después pero por motivos completamente diferentes, asomados al abismo de cada temporada a falta de 6 jornadas. Dicen que la derrota afina el olfato. Ni flores. Aquí hemos estado de picnics sobre el verde y siestas bajo un pino. El equipo se ha metido en una dieta sin alegría ni fe de ningún tipo (el penalti contra el Rayo fue la guinda), y una espiral negativa nivel cósmico que mantiene al equipo encadenado a las tinieblas. 125 días con la dieta del faquir, mirando al cielo para ver si hoy el aire nos dejará ponernos en pie. No diremos que en Navidades se fueron de vacaciones y no volvieron, pero casi. Lo que sí es verdad es que no les ha ido la vida en ello.
La primera vuelta dejó en espuma momentánea la ilusión de Europa, nueva presidencia, nueva era, fichajes prometedores… todo muy blanquiazul. Al final, claro, nada de nada. Al congelador con el tío Walt, y a sumar en negativo. No rascamos desde aquel 22 de diciembre, desde aquella lotería de Navidad fosilizada entre la noche de los tiempos y el Big Bang. Y eso, acariciando el mes de mayo, tiene mérito. Hay algo admirable, incluso, en la constancia del infortunio. No cualquiera encadena derrotas con esa disciplina artesanal tan trabajada a la que nos tiene acostumbrados Manolo.


1 comentario
Hasta en eso somos los putos amos y únicos, hasta en lograr machadas negativas. Pero no llegará la cosa a catástrofe. De hecho, yo aún no me rindo respecto a Europa. Seguimos teniéndola a tiro de piedra. 🙂