La caída perica sigue sin encontrar freno, y el drama continúa. El infumable empate contra el Levante en casa solamente ha servido para evocar los fantasmas del pasado y despertar ansiedades. Está visto que a perro flaco, hasta el penúltimo de la clasificación te da guerra. Y es que, además del sonrojo, se ha desperdiciado una ocasión más para salir del bucle infinito en el que nos hemos metido. Con ésta van 16 jornadas consecutivas sin conocer la victoria. Récord absoluto –y ahora sí en solitario- en la historia de la Liga. Ni siquiera aquel Zaragoza que bajó a Segunda en el 2013 (y que nunca más volvió a subir) sumó tantas como este Espanyol errático y a la deriva, desconectado de la afición y sumido en una crisis de identidad galopante.
Está claro que algo no funciona en el repertorio de Manolo. ¿Dónde quedó la fluidez ofensiva de la primera vuelta? Ha desactivado bazas desequilibrantes (Jofre, Antoniu Roca,…) por decisiones totalmente arbitrarias. No ayuda a que los jugadores mantengan la confianza en sí mismos, cuando además faltan líderes y gen competitivo. No sé qué pensaría Pochettino, invitado de lujo del encuentro, del deplorable perfil combativo de este Espanyol, habiendo sido él precisamente un jugador de carácter y sangre caliente.
El único que parece salvarse de la quema es Dmitrovic. Uno de los pocos (¿único?) que no fue pitado en el inicio del encuentro. Y con razón. En una velada donde la mediocridad copó todo el protagonismo, el serbio lo hizo todo: se vistió de héroe parando lo imparable, se llevó el MVP del partido, evitó la derrota y salvó el punto. Para el catastro, novena portería a cero esta temporada, algo que nadie lograba desde Diego López, ni siquiera Joan García el curso pasado. Con eso basta para poder celebrar algo.
En la otra cara de la moneda, Pol Lozano. Duró exactamente tres minutos en el campo después de dos amarillas de pardillo, que retrata de alguna manera lo perdidos que andan algunos sobre el verde. Manolo lo sacó en el segundo tiempo buscando un cuadro más ofensivo (nos gustaría creer que iba a por el partido), pero nada volvió a funcionarle. Otra vez.
Aunque los males de este Espanyol parecen ir más lejos. Algo falla cuando el mejor del equipo es tu portero. 16 partidos sin ganar ya le habría costado el puesto a más de uno. Pero en los despachos de Cornellá nunca cunde el pánico. Estamos ya a 5 puntos del descenso, y ni el hecho de haber ganado un partido este año estando en mayo parece ser suficiente como para cambiar nada.
En fin. Prepárense para el enésimo final de temporada hiperventilando taquicardias. Está visto que en Cornellá o se vive al filo o no se vive.

