La mayoría de ustedes recordarán la mítica película Bienvenido, Mister Marshall (1953), dirigida por Luis García Berlanga. Se trata de una sátira sobre la España rural de la posguerra. La historia transcurre en el pequeño pueblo de Villar del Río, cuyos habitantes, humildes y olvidados, se preparan con entusiasmo ante la inminente llegada de una delegación estadounidense del Plan Marshall, convencidos de que recibirán ayuda económica. Para impresionar a los visitantes, el pueblo se disfraza de andaluz y organiza una gran fiesta, pero los americanos pasan de largo sin detenerse, dejando a los paisanos con la boca abierta. Dicha obra maestra del cine español podría resumir perfectamente el paso de Míster Chen por el RCD Espanyol durante el tiempo que ha sido propietario de la entidad.
En su despedida, la frase más adecuada será aquella tan típica para algunos finales de ciclo vital: “Tanta gloria lleves como paz dejas”. Sin embargo, con el cambio de propiedad en el RCDE se da la paradoja de que quien se marcha con la misma sensación que dejó Míster Marshall en Villar del Río no es un americano, sino un ciudadano chino; y el que llega, esta vez, sí que es un americano de cabo a rabo.
La llegada de Míster Pace y su equipo ha provocado un aluvión de celebraciones y expectativas en el seno de la parroquia blanquiazul: algunas contenidas, otras desenfrenadas, como suele suceder en estos casos. No obstante, me atrevería a asegurar que muchas de ellas se deben más a la salida de Rastar que al desembarco del grupo inversor americano.
Sea como fuere, los pericos tenemos derecho a ilusionarnos. Y, como decía la letra de la canción que entonaba al unísono, con jolgorio e ilusión, todo el pueblo del que era alcalde Don Pablo —interpretado por el gran Pepe Isbert—:
“Americanos, os recibimos con alegría,
olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía.
Viva el tronío de ese gran pueblo
con poderío…”
Evidentemente, todavía está por ver qué aportará de bueno a nuestro club la llegada de Alan Pace y su simpático socio J. J. Watt, pero en cuanto a cercanía, afinidad, empatía y familiaridad, ya se han ganado el calor de una afición blanquiazul necesitada de cariño, que ha vivido la época de Chen y los suyos muy alejada de sus representantes institucionales. Nunca hubo tanta distancia entre el palco y la grada en la larga, dilatada y a veces caótica existencia del Espanyol
Tuve la oportunidad de charlar cinco minutos con el señor Pace en Newcastle, y me pareció un hombre amable, educado y con ganas de hacer cosas bonitas en nuestro club. No obstante, como “obras son amores y no buenas razones”, la nueva propiedad tendrá que demostrar pronto que muchas cosas van a cambiar en el club. No únicamente en la parcela deportiva —que es la que da de comer y que actualmente está perfectamente arropada bajo el liderazgo de Manolo González en al banquillo—, sino también en otras áreas. Haría bien Pace en no dejar todo como está para que todo siga igual. Debería rodearse de personas del RCDE para la toma de decisiones y no caer en la trampa de traer profesionales que no sientan los colores, pero tampoco en la de contar con otros únicamente porque los sientan. Seguidores del Espanyol con ganas de ayudar se pueden encontrar de todo tipo; por suerte, somos más de los que muchos nos quieren hacer creer.
El señor Pace, ahora que ha desembarcado definitivamente en el club y aprovechando que habla un perfecto castellano, debería reunirse con personas que puedan darle su punto de vista por un club mejor, desde el corazón y la cabeza, pericos sin ningún tipo de interés económico o comercial con la entidad.
Hace años, José Luis Marcó me hizo una oferta para trabajar como empleado del club, gestionando el área social. No puedo negar que la idea me sedujo, pero preferí en su día vivir por el Espanyol y no del Espanyol, y dedicarle todas mis horas y mi cariño por puro sentimiento. Mi rol en el Espanyol no era, ni será nunca, ese, por varios motivos, aunque siempre esté presto y dispuesto a partirme la cara por nuestra historia, con quien sea y donde sea, como he venido desde que tengo uso de razón, si es que alguna vez lo he tenido. Con esto no digo, ni mucho menos, que el RCDE no deba tener profesionales. Por supuesto que los necesita y los tiene, algunos muy buenos en lo suyo. Además, en muchos puestos es imprescindible que sean pericos de corazón.
Sin embargo, volver a encontrar una simbiosis necesaria entre los profesionales y las personas que pueden aportar mucho sin pretensión o ambición de serlo aportaría al club aquello que ha ido perdiendo paulatinamente con el paso de los años. La figura del consejero o colaborador abnegado, que fiscalizaba y trabajaba codo con codo junto a los profesionales de la casa por un club más abierto y participativo, haría muy bien el señor Pace en tenerla en cuenta y recuperarla en la medida que crea conveniente. Por suerte, hombres y mujeres los hay de sobra para cumplir esa misión con orgullo y determinación. Welcome, Mister Pace.

