La ausencia del capitán está pasando factura. Puado se ha convertido no sólo en el goleador por el que el equipo clama, sino en verdadero talismán y amuleto blanquiazul. Sin él parece no haber vida. Los de Manolo suman ya 18 partidos consecutivos sin oler la victoria. Es cierto que perder contra el Real Madrid entraba dentro de lo posible, pero las estadísticas no perdonan, y el Espanyol, tras su derrota en Sevilla, sigue engrosando su leyenda la del equipo errante condenado a vagar por la eternidad sin meter un gol al arcoíris. Racha histórica en el fútbol español, por cierto, y que costará años arrancarnos de la piel.
Pero en esta vida, las cosas nunca suceden porque sí. Y en Cornellà, hace tiempo que estamos tentando a la suerte. El partido que planteó Manolo no fue ni mucho menos un monumento a la táctica. Patadón a seguir, que piense el rival y consignas simples como intentar contener las arremetidas del rival y rezar para que Dmitrovic estuviese inspirado. Y si no era esa la idea, no andaba muy lejos. Tampoco es que uno espere una pizarra artesanal a lo Bielsa, pero da la sensación que Manolo va bastante a pelo, sin mucho o ningún esquema. Y saltar al césped a la buena de Dios, cuando no ganas desde diciembre (132 días), todavía hace más profunda la fosa. Uno quiere creer que Manolo sabe lo que hace, pero después de 18 jornadas saliendo escaldados, es como para empezar a planteárselo. Todo.
Dentro de lo poco positivo que hubo ante el Real Madrid, hay que reconocer que el conjunto perico no se arrugó y llegó más de lo esperado a la puerta de Lunin. El plan alegre y ramplón de Manolo tuvo algún que otro brote verde, e incluso disparó más que el cuadro merengue, aunque con una puntería horripilante. El Real Madrid, en cambio, necesitó apenas cuatro pelotazos mal dados para acabar metiendo dos. El auténtico mal del Espanyol no son las ocasiones de gol ni la pólvora mojada que lo está flagelando –y mucho-, sino la poca fe con la que juegan. Y en eso, diría que Manolo parece tener mucho que ver. ¿Quién dijo motivación?
Mientras tanto, el perico de a pie, huérfano en la esperanza, sigue viendo repetirse una y otra vez la misma letanía de partidos infumables sin que, además esa es otra, nadie haga nada por probar algo diferente. Nadie parece plantearse algún cambio, como si 18 partidos sin ganar no fuesen nada del otro jueves. Como si estuviésemos encantados con el plan de que en Segunda estaremos como en ningún otro sitio. En fin, a veces creo que la alargada sombra de Chen sigue sin dejarnos ver el bosque. ¿Y Puado pa’cuándo?

